¿Son normales las rabietas en la primera infancia?

Pregunta completa: Hasta que edad duran los brotes de crecimiento? Tengo un niño de 3 años y los berrinches o rabietas aún no se controlan.

Respuesta:

Hola querida mamá, esperamos que tu pequeño y tú se encuentren bien, en este artículo te brindamos información sobre las rabietas y las emociones en la primera infancia de nuestros hijos. Cada etapa de la maternidad viene con nuevos y más desafiantes retos, por lo que estar informadas resulta una gran herramienta para aprender a lidiar y manejar cada situación que se vaya presentando.

¿Qué son las rabietas y qué tan comunes son?

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Diversos expertos en desarrollo infantil como Wakschlag y su equipo (2018) y Manning y colaboradores (2019), definen las rabietas o berrinches como estallidos de comportamiento que reflejan una respuesta desregulada a la frustración. Estos comportamientos son excesivamente comunes en los niños pequeños, pues suele presentarse hasta en el 83% de ellos.

En la primera infancia, especialmente desde alrededor de los 12 meses hasta aproximadamente los 48 meses (4 años de edad), las rabietas resultan muy típicas y, muchos expertos las consideran apropiadas y normales desde el punto de vista del desarrollo neurológico y social de nuestros hijos. La mayoría de las rabietas ocurren en circunstancias esperables, como cuando están excesivamente cansados o tienen hambre. Asimismo, las rabietas suelen ser relativamente breves y pueden calmarse o redirigirse.

¿Qué podemos hacer ante una rabieta?

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Esta es quizá una de las preguntas más frecuentes entre padres de niños pequeños, en vista de que las rabietas resultan tan comunes en la primera infancia. Sabemos que estos episodios pueden resultar muy estresantes, sobre todo cuando debemos lidiar con ellos frente a otras personas.

Sin embargo, al saber que estos son comportamientos totalmente comunes y normales, podemos apreciarlos desde una perspectiva más empática. Es por ello que debemos comprender que nuestros pequeños no tienen berrinches de manera intencional, sino que son la respuesta ante situaciones que le causan estrés y frustración. Al igual que ocurre con muchos otros aspectos, nuestros hijos realmente no entienden lo que sucede. Además, suelen sentirse asustados y confundidos cuando se presentan estas emociones intensas.

Acompañamiento emocional

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Lo que nuestros hijos necesitan es aprender a lidiar con la frustración y el estrés. Muchos expertos como Daniels y colaboradores (2012) y Broder (2013), indican que el desarrollo y culminación de las rabietas depende mucho del comportamiento y acompañamiento de los padres. De esta manera, mantener la calma y transmitir seguridad a nuestros hijos durante estos episodios resulta fundamental.

Asimismo, es necesario enseñarles a los niños a comunicar lo que sienten de una manera adecuada. Para ello debemos acompañar sus emociones y una vez estas disminuyan su intensidad, explicarles con calma lo que está sucediendo. Por ejemplo, si tu pequeño tuvo una rabieta porque no lo dejaste jugar con algún objeto prohibido, puedes acompañarlo y describir lo que pasó: “estás enojado porque mamá no te deja jugar con las herramientas de papá, aquí está mami y todo estará bien”.

Aunque pueda resultar difícil al comienzo recuerda que, como todo en la vida, es cuestión de práctica para ambos. Además, estar atenta a sus comportamientos te permitirá también predecir cuándo pueden darse estos episodios y cómo puedes prevenirlo, sobre todo si se trata de un momento en el que tu pequeño tiene sueño o hambre.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

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En algunos casos, las rabietas o berrinches se vuelven muy frecuentes y desreguladas, es decir, muy difíciles de manejar. Esto podría ser un indicativo de que los niños presentan cuadros severos de irritabilidad, que según algunos expertos, podrían representar un factor de riesgo para diversos problemas de salud mental. Entre estos se incluyen trastornos de internalización (por ejemplo, depresión y ansiedad) y externalización (por ejemplo, TDAH y comportamiento disruptivo).

Manning y su equipo (2019) aseguran que resulta muy importante identificar de forma temprana los riesgos de salud mental en niños muy pequeños. Esto puede realizarse a través de la relación entre los retrasos de alguna habilidad, como la comunicación y el lenguaje, con los problemas emocionales y psicológicos. Los retrasos del lenguaje pueden medirse mucho antes que los problemas francos de salud mental.

Asimismo, Potegal y colaboradores (2003), explica que si las rabietas ocurren entre cinco y diez veces al día, con una duración de más de 15 minutos y comportamientos destructivos y excesivamente agresivos con otros o consigo mismo, es necesario buscar la opinión y ayuda de un profesional. Para ello, es importante consultar con el pediatra y que este remita a un especialista en psicología infantil.

¿Cuáles son las causas de las rabietas severas?

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Los expertos en psicología infantil y desarrollo neurológico de los niños, aseguran que las causas de este tipo de rabietas son mayormente psicológicas. En algunos casos, expresan señales de ansiedad o depresión. Resulta de gran importancia identificar las causas de estos episodios y tratarlos adecuadamente, para proteger la salud mental y emocional de nuestros pequeños. En la actualidad, existen diversos especialistas terapeutas cognitivos, que pueden guiar y ayudar a los padres en estas situaciones.

Potegal también señala que algunos trastornos físicos, como dolores crónicos, malestares digestivos y problemas de salud en general, pueden también propiciar el estrés y aparición de rabietas en los niños pequeños, sobre todo en aquellos que no saben aún comunicar bien sus emociones y sensaciones.

Tipos de rabietas

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Las rabietas muestran patrones que son capaces de identificarse a lo largo de un continuo. De esta forma, pueden identificarse las rabietas ocasionales que pueden controlarse a través de la redirección del comportamiento. Estas ocurren generalmente en contextos esperables, como respuesta a la frustración ante diversas situaciones, como cuando establecemos límites (no logran lo que esperaban), tienen hambre, sueño o se encuentran estresados por alguna situación en particular (nueva escuela, mudanza o cambios en su rutina).

Por otro lado, se pueden identificar también las rabietas severas, caracterizadas por ser muy frecuentes, prolongadas, intensas y/o parecen surgir «de la nada». Durante estos episodios resulta imposible redirigir el comportamiento y que los niños logren el autocontrol. Las rabietas graves no sólo indican riesgos de problemas de salud mental a largo plazo, sino que también son perjudiciales; aumentan el estrés familiar e interfieren en el funcionamiento social y académico de los niños.

Recomendaciones finales

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Es necesario comprender que lidiar con las rabietas de los niños no es nada fácil. En muchas ocasiones te costará enfrentarlas con calma, por ello te recomendamos que si te encuentras muy alterada, busques unos minutos para encontrar serenidad. Puedes respirar profundamente, lavar tu cara y contar hasta 10.

Garantizar la seguridad de nuestros pequeños también resulta fundamental. Muchas veces lo único que podrás hacer es acompañarlo y evitar que se cause algún daño. Una vez se encuentren los dos más calmados, puedes proceder a explicarle la situación y establecer algún límite, como no golpear o lanzar objetos. En estos casos, ofrecer una alternativa segura para drenar la frustración resulta una excelente herramienta. Puedes ofrecerle una almohada para que grite, algún juguete blando para que apriete con sus manitas o una lámpara de lava y brillos para agitar.

Esperamos que esta información te resulte útil para comprender y manejar mejor esta etapa. No te preocupes, a medida que tu pequeño crezca, encontrará mejores formas de lidiar con esas nuevas emociones que va descubriendo. Les deseamos lo mejor desde nuestro equipo de Pregunta Mamá.

Más información en:

Broder, L. (2013), «Individual Differences in Toddlers’ Temper Tantrums: The Role of Language and Self-Regulation». Doctoral Dissertations. 225.

Daniels, E., Mandleco, B., & Luthy, K. E. (2012). Assessment, management, and prevention of childhood temper tantrums. Journal of the American Academy of Nurse Practitioners, 24(10), 569-573.

Manning, B. L., Roberts, M. Y., Estabrook, R., Petitclerc, A., Burns, J. L., Briggs-Gowan, M., Wakschlag, L. S. & Norton, E. S. (2019). Relations between toddler expressive language and temper tantrums in a community sample. Journal of applied developmental psychology, 65, 101070.

Potegal, M., & Davidson, R. J. (2003). Temper tantrums in young children: 1. Behavioral composition. Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics, 24(3), 140-147.

Potegal, M., Kosorok, M. R., & Davidson, R. J. (2003). Temper tantrums in young children: 2. Tantrum duration and temporal organization. Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics, 24(3), 148-154.

Wakschlag LS, Perlman SB, Blair RJ, Leibenluft E, Briggs-Gowan M, & Pine DS (2018). The neurodevelopmental basis of early childhood disruptive behavior: Irritable and callous phenotypes as exemplars. American Journal of Psychiatry, 175(2), 114–130.

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